| Marvin Harris (Nueva York, 1927) |
Revisamos entonces la disputa moderna entre empirismo y racionalismo, cuyo punto de discordia es el modo de acceder al conocimiento: mientras que para el racionalismo existen ya algunas verdades previas (a las que atendemos desde la sola razón), para el empirismo el conocimiento llega por vía de los sentidos. De aquí que uno esté cercano a las "ideas innatas" y otro hable más bien de que el ser humano es una tabula rasa ("hoja en blanco", por decir).
La hipótesis del empirismo puede considerarse necesaria para las posteriores formulaciones de la incipiente teoría antropológica, esto es, de una ciencia de la cultura o del hombre. Vimos así que una distinción muy rudimentaria entre naturaleza y cultura sería la herencia: mientras que "lo natural" es heredado, "lo cultural" es adquirido.
En este sentido, una ciencia de la cultura debería ser capaz de explicar por qué las diferentes expresiones humanas son, al mismo tiempo, diversas en apariencia pero asombrosamente cercanas por su estructura.
¿El último párrafo puede explicarse con que "diferentes experiencias producirán diferencias individuales y nacionales en la conducta... la razón correctamente aplicada podría con el tiempo llevar al hombre, en cualquier lugar, a las mismas instituciones sociales, a las mismas creencias morales..."?
ResponderEliminarEn efecto, suponiendo que "la razón" es en todos los seres humanos la misma, podría por ende llevar a las mismas conclusiones. El problema de esa explicación es la hipótesis misma de que nuestro comportamiento, sea individual, sea colectivo, está guiado exclusivamente por esa razón universal. Las pruebas en contrario parecen abrumadoras, esto es, los indicios de que somos no el producto de un bien orquestado proyecto, sino de otros muchos factores, como las pasiones (ira, la lujuria, la envidia, etc.) o las condiciones materiales.
ResponderEliminarPero (¿todo?) va a depender de la relación entre el medio condicionante y los pensamientos y las acciones humanas, ¿o no?
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