martes, 5 de octubre de 2010

Sesiones del 29 de septiembre y 1 de octubre

Johan Huizinga
Johan Huizinga (1872-1945)
En estas sesiones revisamos diversos capítulos del Homo ludens de Johan Huizinga. Enfatizamos tres problemáticas: 1) qué se entiende por juego; 2) por qué el juego es competición y 3) en qué sentido el juego sería el fundamento de la cultura.
La definición formal del juego incluye las siguientes características: "es una acción libre ejecutada como si y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que, a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga de ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazarse para destacarse del mundo habitual". Esta definición formal, sin embargo, nos ayuda sólo a delimitar el juego en un primer momento. Falta entonces descubrir las implicaciones esenciales. Para ello, es necesario establecer cómo el juego es competición. Entre los griegos, por ejemplo, no existe un concepto único que reúna el juego infantil (paidia) y el juego adulto (agon). Debemos entonces postular la existencia del juego independientemente de que tengamos o no los términos para describirlo. Esto es, hay una actividad que es juego. Ello implica que para nosotros, en español, hay actos que son juego aun cuando no los nombramos de esa manera. Ese ideal del juego aparte del lenguaje es el que lo vincula íntimamente con la competición. De ese modo, el juego es fundador de la cultura. Según Huizinga, incluso la dimensión religiosa es posterior al juego, tal como lo muestran las fiestas potlatch de los kwakiutl de Norteamérica, donde se mostraría el poderoso impulso de demostrar la superioridad, incluso al costo de destruir las posesiones que se acumularon penosamente durante el año.

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