viernes, 15 de octubre de 2010

Lectura 20 de octubre

Obligatoria:
Thorstein Veblen, Teoría de la clase ociosa, México, FCE, 1974. Leer los apartados I al IV, que en en la edición del Fondo son las páginas 9 a la 107. Revisar la paginación de la versión en línea.

2 comentarios:

  1. ...y que la filosofía no sirve para nada, ¿eh? Jeje, finalmente comprendo el por qué de mi aversión por los tacones, el maquillaje, la joyería, la depilación, incluso los cumpleaños y sobre todo la tendencia violenta que caracteriza a un "Hombre." (Sobre esto último Veblen hace referencia en las primeras hojas a la actitud de las comunidades primitivas en las cuales no había distinción de clases como tal: "El rasgo común más notable de los miembros de tales comunidades es cierta ineficacia amable cuando se enfrentan con la fuerza o el fraude"; actualmente, el varón que no responde una agresión con otra se considera "puto", es decir, mujer).

    Y también entiendo por qué las personas se han vuelto tan adictas a las redes sociales, y encuentran imposible su abandono, recién leí en una revista un comentario de un facebookero: "Deberían de hacer un feisbuc para que los nacos no invadan Facebook" y otro: "Para mí, HI5 es súper naco, antes me gustaba mucho pero ahora pasó de moda y va dirigido a un sector específico de la población", refiriéndose a los pobres nacos que tienen que trabajar.
    Las redes sociales son el medio electrónico definitivo de despliegue y exhibición del ocio y el nivel de vida. Yo no recuerdo a alguien que suba fotos de sí mismo trapeando o lavando los trastes. ¿Acaso alguien subiría una foto de sí sacándose los mocos o rascándose la axila? La actividad en esas páginas giran alrededor de cánones de belleza y socialización, es decir, de REPUTACIÓN, de honor, de status... por tooodo esto mi amigo que cerró su Facebook, lo volvió a abrir al día siguiente.

    Ahora nomás retomo las preguntas que hice en clase (que creo no se entendieron):

    ¿Bastaría cambiar mis hábitos de consumo ostensible para modificar mis estructuras mentales -traducidas en sentimientos- de dominación y distinción?

    ¿Son las estructuras mentales causa o consecuencia de las prácticas de distinción valorativa -el pensarse y sentirse más o menos que otros-?

    ResponderEliminar
  2. Estimado Gastón,

    —¿será que tu nombre es una forma de consumo vicario?—

    yo no había considerado la pertenencia a las redes sociales virtuales como una forma de reputación (asociada al ocio), pero es una intuición que se podría explorar. Ambas observaciones tuyas son pertinentes: por una parte, respecto del tipo de "aplicación" o "sitio" que preferimos (FB, Hi5, Myspace, etc.) y las ideas que subyacen a nuestra "elección". Por otra parte, respecto del tipo de fotos que compartimos: en efecto, las redes sociales son una especie de vecindario en cuyas paredes pegamos para que cualquiera vea nuestro álbum de familia. Esas viejas carpetas (o hasta una caja de zapatos servía) ya no están en un cajón arrumbadas, sino que las sacamos para el escrutinio público. Salvo raras excepciones, los álbumes de familia son aburridísimos: poco o nulo cuidado estético, los mismos temas, momentos "chuscos", "solemnes" o de "felicidad", etc. Lo cierto es que la foto cumple una función de constatación ritual de nuestro status: lo importante es mostrar que estuvimos a los pies de la Tour Eiffel, frente al Colosseo, en la entrada de San Juan de Ulúa, etc.

    Ahora bien, tus preguntas remiten a ciertas agrias discusiones filosóficas acerca de la preponderancia del espíritu o de la materia. Para responder a la segunda pregunta, es necesario reflexionar sobre las causas generales de nuestro comportamiento: ¿actuamos porque pensamos de cierta manera o pensamos de cierta manera por el tipo de actos que tienen una determinación material? Es el debate acerca de la importancia de la ideología en la sociedad. En otras palabras, se trata de si las ideas son consecuencia de las condiciones materiales (específicamente económicas) o si éstas lo son de aquéllas. De esta respuesta dependerá la respuesta a la primera pregunta: es claro que hay una relación entre los hábitos y las creencias. El punto, bien señalado, es el grado de penetración entre unos y otras. Queremos un cambio, pero ¿por dónde empezar?

    ResponderEliminar